sábado, 29 de diciembre de 2007

Desde Mardel...


¡La ruta fue una locura! Hace mucho que no salíamos en días pico, así que no nos imaginábamos que habría tantos autos. Tardamos casi seis horas, pero llegamos. El muchacho que nos alquiló el departamento, un encanto. Y el departamento nos fascinó. La vista es excepcional. Es un departamento de soltero, muy personal y muy sencillo. La cama, de dos plazas tiene una altura de un metro, la misma de la ventana, para poder ver el mar desde la cama. Muebles de madera por todos lados, hasta en el baño. Televisor, dvd, equipo de música y hasta Internet inalámbrica. La verdad que mejor no podemos estar. El gordo está chocho. Le gustó tanto la vista que aceptó subirse a la cama sin protestar.


Está feliz, y yo con él. Hoy salimos tempranito a caminar por la playa, los dos de la mano. Nos compramos unos sombreros ridículos. El gordo parece Gardel, y el mío es de paja, tiene una flor de tul y me tapa toda la cara. El sol nos pega en la piel y se respira el aire de mar. No reímos de cualquier cosa. Le aprieto la mano, nos entendemos con la mirada. La señora que nos vende los sombreros reconoce a mi lado a una enfermera que hacía treinta años le había salvado la vida a su hija. Se acerca corriendo y la abraza llorando. Dice que la reconoció por la voz. Yo siento la emoción de ambas empujando en mis ojos, pero espero pacientemente. El gordo me mira, me conoce. Nos vamos abrazados mientras payasea con su sombrero. Nos acercamos a unos negros africanos porque nos resulta muy raro cómo hablan. El sonido, el ritmo, el tono de la voz, todo es completamente desconocido. Uno de ellos nos mira y nos saluda con retintín. Saludamos y huimos. Nos reímos. Estamos felices. Estamos sanos. Estamos en un hermoso lugar. Estamos juntos. Hoy es la felicidad.


Un día alguien me dijo que lo único que se podía hacer para tener buenos recuerdos era fabricarlos. Lo recuerdo ahora, y me doy cuenta que eso justamente es lo que estoy haciendo. Fabricando mis buenos recuerdos. Sonrío pensando locamente que también estoy siendo feliz a futuro.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Vacaciones!!!!!!!


De repente, de un día para otro, saqué unas vacaciones de la galera!!!!! Hoy conseguí departamento y mañana me voy a Mar del Plata!!! A pesar de que está caro, de las culpas por escaparme de la familia, de las presiones laborales, y de la mar en coche!!!! Me voy unos días a la costa, a Mar del Plata. Al gordo le encanta Mar del Plata, y además, hay monedas para comprar. A mí también me gusta, pero remoloneo un poco porque si fuera por el gordo, no íbamos a ningún otro lado. Entonces, siempre protesto un poco. Así vamos a otros lugares también. Como la vez que fuimos a Tandil. Volvimos en ambulancia, pero fue un buen intento de cambiar. Recuerdo que se empezó a descomponer manejando. "Me siento mal" me dijo y yo creí que era del estómago. Cuando lo miré estaba empapado en sudor. Hasta el pulover tenía mojado. "Pará el auto" le pedí, pero él quería llegar al hotel. Cuando se bajó del auto se bamboleaba. El médico de la ambulancia lo sentenció a terapia intensiva: bradicardia severa. Me tuve que llevar la ropa porque se quería escapar. Sin que él supiera, cancelé el hotel, arreglé con la obra social, le busqué cama en Buenos Aires y volví con las valijas al sanatorio a esperar que viniera la ambulancia y nos llevara. Las enfermeras ya no sabían como tenerlo. Y yo también tenía miedo de que se pusiera nervioso. Pero no le di oportunidad de elegir. "Los médicos de acá y de Baires quieren que vayas en ambulancia, tus hijos quieren que vayas en ambulancia y yo quiero que vayas en ambulancia. Adiviná en qué nos vamos" le dije. Protestó un par de veces, pero finalmente accedió. Pobre gordo. Parece un niño a veces pero siempre nos hace reir. Siempre de buen humor, jamas se queja. Yo tengo que adivinar cómo se siente porque siempre dice que está perfecto. No debe ser facil vivir con la espada de Damocles sobre la cabeza.
¡Pero hoy estoy feliz! Hice las valijas, me compré un par de cosas que necesitaba y mañana temprano, nos vamos. Mar del Plata es un buen lugar para esperar el año nuevo. Y creo que es la primera vez que vamos a esperarlo el gordo y yo solos. Pero lo necesitamos. Este año fue bastante dificil, y muy intenso. La salud de los dos nos tuvo en jaque. Mejor aprovechamos que ambos estamos bien. Voy a buscar un hermoso lugar, con baile y carnaval carioca y esas cosas. Había un barco muy lindo, voy a ver si todavía está, porque la última vez no lo vi. Qué lindo sería despedir este maldito año con una cena en un barco.
Chau 2007!
¡¡¡¡¡¡FELIZ 2008 PARA TODOS!!!!!!

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El día después

Tengo una acidez de estómago que me muero. Y anduve bostezando todo el día. Me imagino que también el hígado estará protestando por los excesos. Menos mal que en la oficina, este año por fin el trabajo está organizado y no es la locura vertiginosa de otras épocas. Volví del trabajo a las cinco y les llevé los regalos a mi papá y a mi madrastra. ¡Nos convidaron sidra sin alcohol! A la ida y a la vuelta paramos en el local que vende monedas. No hay estacionamiento así que bajo yo. A la ida demasiada gente y a la vuelta cerrado. Así que volvimos a casa enseguida, por suerte, que me tenían que traer la alfombra que mandé a limpiar.
Me voy a acostar temprano. Se me cierran los ojos. Mañana les cuento lo que me trajo Papá Noel.

martes, 25 de diciembre de 2007

Una menos: Sobreviví a la Navidad

Todos los años me prometo no comer tanto en las fiestas. La Navidad viene unos días después de mi cumpleaños, fecha en que me hago todas las firmes proposiciones para el siguiente año. Época en la que me hago los estudios anuales, análisis, visitas al dentista, médicos varios y por supuesto, comienzo la dieta. ¡Justo en diciembre! Pero en fin, no cumplo años en otra fecha, cumplo en este mes. Así que siempre con la dieta recién comenzada, con algunos kilos bajados pero no demasiados, las fiestas son siempre un desafío, perdido todas las veces. Y esta vez, no fue la excepción.
Aunque elegí una estrategia nueva: alejarme de mi familia de origen en nochebuena, donde además se festeja el cumpleaños de mi único hermano varón, por lo tanto se reunen todos. Tal vez por eso se come el doble. Exquisiteses de todo tipo, dulces, saladas, frías, calientes, todo en abundancia. Vinos de todos colores, cervezas, champagne de todos los precios. Este año (me contaron) se agregaron las exquisiteses aportadas por los nuevos suegros de mi hermano, que han terminado aceptándolo luego de seis años. Y parece que ayudados por el champagne terminaron tocando la guitarra y cantando Zamba de mi Esperanza. De la de ellos claro, porque la mía desapareció en el mismo momento en que vi el pollo relleno al romero que había hecho Paulina, la hija del gordo. Y las tartas, y las ensaladas, y el pandulce de la calle San Juan, y el helado de Thionis y la degustación de vinos y champagnes que me obligaron (Que conste!) a hacer. Bah, menos mal, porque así no reaccioné mal cuando el gordo, no sólo me confesó que se había olvidado los remedios, sino que tampoco los había tomado en todo el día. ¡Ninguno de los ocho remedios que toma por día había tomado el hijo de su madre! Y el country donde vive Paulina está a treinta kilómetros de mi casa. Así que hoy a la mañana, hice esos treinta kilómetros en un auto manejado por un cardíaco sin medicación, que la noche anterior había comido y tomado como un beduino y que estaba ofendido conmigo porque cuando me desperté, ya sin el atenuante del alcohol en mi sangre, me había molestado con él y le había recriminado su olvido. Con un "Claro, porque vos no te olvidás nunca de nada" subió al auto y puso su mejor cara de culo.
Yo subí y me puse el cinturón de seguridad, antes de salir del country. En casa tomó los remedios y le tomé la presión. "¡Tomá!" me dijo cuando vio los 13-6. Y me sacó la lengua. ¡Yo lo quiero matar y él me quiere hacer reír!
Luego de otros veinte kilómetros, llegamos a la casa de mi hermano al mediodía. Los hombres en el quincho, haciendo asado. Empezamos mal, han destapado una botella de Barón B que alguien les había regalado. Y el gordo se prende, claro. Lo veo desde lejos con la copa de champagne en la mano. "Es agua" me dice y se da vuelta. Los demás se empiezan a reír. Me meto en la cocina preocupada porque no hay nada para comer sin sal, se olvidaron del gordo. Comienzan sirviendo sandwiches de miga y canapés, luego achuras de todo tipo, después asado, ensaladas, helado, pandulce, frutas secas, chocolates, turrones etc. Sin parar hasta las cinco de la tarde. A esta altura ya perdí la cuenta de lo que comió y tomó el gordo. Después que llegó mi prima hicimos el último brindis y nos vinimos, harta de comida, de bebida y de escuchar las eternas discusiones entre mi primo y mi hermano. Pero todavía no terminó la Navidad, porque falta que vengan mi hija y el novio a buscar sus regalos. Menos mal que han comido tanto como nosotros así que sólo se toman una cerveza con el gordo, obvio. Y este sí es el último brindis de Navidad.
Ahora que se fueron y que el gordo duerme tranquilo, me tomo mi tiempo y reflexiono: Podría haber sido peor. Sobreviví. Ahora sólo falta Fin de Año.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Esta noche es nochebuena...

Esta noche la pasamos en casa de Paulina, una de las hijas del gordo. Preferí ir a su casa y no con mis hermanos porque con ellos se come desaforadamente como en cualquier casa argentina para estas fechas. Bah, acá en este país y específicamente en esta familia, se come desaforadamente en todas las fechas. Pero el gordo se tiene que cuidar. Tiene que seguir adelgazando y comer sin sal. Y en la casa de la hija somos dos contra uno, así que espero que no terminemos otra vez en el hospital. Tengo grandes esperanzas, porque la última vez se asustó bastante. Se desmayó y en la caída se rompió dos costillas. Además de dormir sentado durante más de un mes, terminaron poniéndole el marcapasos. Yo me pasé las vacaciones con él en el hospital, pero salimos a flote. Y con el susto, ahora se cuida. Adelgazó como dijo el médico y camina todos los días. ¡Camina todos los días! Nadie lo puede creer. Mi gordo, el hombre de las cuatro ruedas, ahora camina. Y lo peor es que me hace caminar a mí. El sábado pasado me levantó a las siete y media de la mañana para que lo acompañara a caminar. Y hoy como me negué rotundamente, salimos a hacer las últimas compras de navidad a pie. Desde las nueve y media hasta el mediodía caminando. Transpiré tanto que voy a tener que ir a la peluquería otra vez esta tarde. Además de hacer los paquetes con los regalos y también quiero descansar un rato para no dormirme sobre los pandulces.
También tengo que llamar por teléfono para saludar un monton de gente todavía. Le prometí llevarle el regalo a mi papá a la casa, no quiero ponerselo en el arbolito porque no les compré regalos a todos. Y salgo temprano hacia la casa de Paulina porque de camino, saludo a mis hermanos y dejo los regalos para los chicos.
¡Y estoy acá sentada en la compu escribiendo en el blog!!!!!!!!

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS

Comenzando con la historia

Hace tiempo que estoy necesitando un cambio. En mi vida ha sido una constante. Cada tanto, necesito un cambio, una renovación. Algo que a muchas personas asusta, para mí es absolutamente necesario. La vida se me desdibuja detrás de la rutina y cuando me siento como arrastrando las penas que siempre hay, y todo parece negro y circular, sin dudas necesito el cambio.
Esta vez pensé que el cambio se daría cuando mi marido se jubilara, y dejara de andar viajando por esos mundos para depositar su ansiada presencia en el hogar, donde podríamos hacer todas las cosas que teníamos postergadas, y donde yo podría ocuparme un poco más de su frágil salud.
El cambio que se produjo no era el que yo esperaba. La jubilación tardó un año y medio en llegar así que los planes se fueron modificando, postergando y algunos desapareciendo en lontananza.
A los dos meses ya no sabía qué hacer con él. ¿Alguien sabe de lo que hablo verdad? Lo primero que se me ocurrió es que necesitábamos un departamento más grande. Y otro televisor por lo menos. Y lo más importante: otra computadora. Hasta el momento el arreglo es el siguiente: En el estudio no entrábamos él, yo, las dos computadoras y el televisor. Además no hay nada que me deprima más que ver las horribles noticias de muertes y violaciones ocho veces por día. Así que resigné la mesa del comedor (la única) para ubicar ahí al gordo con su notebook y su televisor (el único). Tengo el departamento atravesado de cables y alargues varios, pero si cierro la puerta del estudio, puedo escuchar música y no escucho los horrores de la tele. De vez en cuando sacamos la notebook de la mesa, sobre todo cuando vienen visitas. Cuando estamos solos, no es necesario, comemos en una mesita que yo compre por teléfono, cuando estaba en cama despues de que me operaran y no tenía otra cosa que hacer. Me salió un poco cara, pero me ha sido muy útil.
Todo esto porque un día, me escapé de mi casa diciendo que iba a la peluquería y me fui a caminar. Y en mi paseo pensante, me encontré de pronto parada frente a un negocio que tenía monedas en la vidriera. Y se me prendió la lamparita. Me acordé del taper con monedas del gordo, que ya no sabía donde meter. Así que entré, pregunté y volví a mi casa con una carpeta, doce folios, y algunos rótulos. Dos años después tengo dos muebles nuevos, treinta y dos carpetas con monedas y el gordo cybernumismatizado totalmente.
¿Y la mudanza? Por el momento no se puede. Compromisos anteriores, problemas especulativos y financieros, y el estilo vital de mi marido han logrado que el verbo esperar sea casi una mala palabra para mí. Me revuelve el estómago.
Esperar. Esperar mientras la salud nos deje. Y el tiempo. Y los jerarcas de turno. Esperar mientras el traquetear del tren de los años nos pasa por arriba, lenta pero ineludiblemente.
Esperando se nos va la vida.
Pero ahora tengo mi blog, gordo. Tomá.

Un nuevo principio...


El martes cumplí 53 años. Y como siempre, este mes es el mes de los balances. Y de los auto-reclamos. Y como esto de escribir en un blog, es algo que tengo pensado hace mucho tiempo, me obligué a hacerlo. Pero en cuanto me puse a ello, sentí que era algo muy querido, muy ansiado. Y empecé a disfrutarlo desde el mismo comienzo, cuando buscaba el nombre para ponerle. Y el apodo, y la primera entrada... Y por primera vez en bastante tiempo me fui a dormir con un proyecto dando vueltas en mi cabeza. Un pequeño proyecto de hacer algo que me gusta, que sea mío. No tengo que hacer inversiones, ni especulaciones de ningun tipo. Tampoco tengo competir con nadie, ni ganarme ningún premio. ¡Sólo tengo que sentarme en mi pc, y escribir lo que siento!
Y tal vez lo que escriba me acerque a las personas... esos seres que andan por ahí, por el mundo, haciendo las mismas cosas que hago yo, pensando distinto, tal vez sintiendo parecido, pero lejanos y desconocidos.
Por el momento mejor pienso que no lo lee nadie. Pero voy a colgar mi deseo del cyberespacio como si fuera un arbolito de navidad:
Ojalá que este blog acerque a mi vida gentes de los más variopintos (los plurales son a propósito) fenotipos, genotipos, culturas, nacionalidades, edades, géneros, religiones, ideologías, etc.

Nada más que para conocerlos y que me conozcan. Sencillamente eso.

Ojalá.